La decisión de los padres de la pequeña Ashley de cortar de raíz el crecimiento de su hija será sin duda una de las noticias más relevantes del año recién estrenado. Esperamos impacientes la reacción de la Iglesia Católica estadounidense y, lo que es aún peor, de las organizaciones evangélicas que campan a sus anchas por Norte América, a buen seguro completamente contrarias a la decisión que los progenitores de Ashley han tomado. En cambio, si entendemos la magnitud de la tragedia de esta niña en toda su dimensión no se puede por menos que apoyar y comprender por qué estos padres han tomado esta determinación tan drástica. Que cada cual se ponga en la piel de estas personas, y aun incluso de la niña, y que piense fríamente si esta no es la mejor decisión que se podía haber tomado por el bien de todos, empezando por el más importante, que es la de la propia Ashley. Lloverán críticas (y puede que algo más), pero somos muchos los que pensamos que la vida hay que vivirla con dignidad, y no sufrirla con resignación.
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