viernes, 12 de enero de 2007

INDEPENDENCIA FLAMENCA

Sucedió en Bélgica. Imagino que yo la sabrán: una parodia al estilo de “La guerra de los mundos” perpetrada por la televisión pública francófona belga declaró durante uno de los programas de máxima audiencia de ese país nada menos que la independencia de Flandes, región neerlandesa del norte y antagónica de la francófona Valonia. Pues bien, no tardaron muchos los independentistas flamencos en salir alborotados a las calles de Amberes, Brujas y otras ciudades de esa bella región a celebrar su ansiado éxito nacionalista. Aunque todo quedó en una patética broma de la televisión, el “experimento” podría haberles salido bastante más caro de lo que en realidad supuso. Esta es la situación: un País que se acuesta unido amanece partido por la mitad y con la Familia Real en el exilio. Y no pasa nada. ¿De verdad que nos quieren hacer creer que sólo era un programa de ficción? Estamos ya acostumbrados a las políticas de “globos sonda”, ésas en virtud de las cuales nuestros gobernantes se apoyan en los medios de comunicación para hacernos ver algo, para prepararnos para alguna idea o, para el caso, comprobar las reacciones que suscitan sus propuestas.
No sé que habría pasado si algo así se hubiera hecho en España. La verdad que como experimento sociológico está bastante bien, pero que nadie se llame a engaño si llega la sangre al río. Si se llega a demostrar que una proclamación unilateral de la independencia por cualquier región no tendría mayores consecuencias políticas, se abrirá el camino para la separación de todos aquellos que dicen no sentirse a gusto en el seno de nuestro Estado, y habremos de conformarnos, pues tampoco nosotros habremos sabido defenderlo de los delirios nacionalistas de un puñado de visionarios.

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