viernes, 29 de diciembre de 2006

PENA DE MUERTE

La pena de muerte dictada contra Saddam Hussein no es una buena noticia para Irak. En un país sumido en la desesperación que la ocupación norteamericana y el terrorismo fanático (y no necesariamente por este orden) han impuesto, esta inoportuna sentencia reavivará los rescoldos de la confrontación nacional entre partidarios y detractores del ex–dictador. Aunque ha quedado comprobado en todos sus términos la participación del tirano en las acciones criminales que le habrán de llevar al cadalso, no lo es menos que su ajusticiamiento sólo creará un mito, un mártir, en la grandilocuente terminología muyahidin; el propio Saddam es consciente que sólo anunciando su inclusión en el martirologio podrá esquivar su inminente destino.
Y yo me pregunto ¿Acaso es esto lo que Irak necesita ahora? No lo creo. En las manos del Presidente Talabani (un kurdo, hay que recordarlo), y en la de los EE.UU., (esto no es ningún hito para la democracia en Irak) está el evitar un derramamiento innecesario de sangre. Siempre es una mala noticia la pena de muerte, pero es que en este caso no será una pena de muerte individual, sino colectiva, pues serán muchos los que paguen con su sangre la venganza de otros.

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