miércoles, 31 de enero de 2007

SARKOZY, SÍ

Nicolás Sarkozy es un personaje peculiar: de aristocráticos orígenes húngaros, el pequeño dirigente liberal ha conseguido alcanzar la cúspide de la política francesa a base de tesón, esfuerzo e inteligencia. Adoptado por Chirac y luego repudiado, fue de nuevo acogido en el seno gaullista tras hacerse quizás el más carismático de sus dirigentes. Sarkozy encarna la ruptura de la derecha francesa con los viejos dinosaurios que, como Chirac o Giscard, con la inestimable aportación del ¿socialista? Miterrand, han llevado a la V República al borde del colapso tras décadas de corrupción, falsa grandeur y una gestión ineficaz. Frente a ellos, ha emergido un político disidente, con tanta seguridad en sí mismo y en sus posibilidades que algunos le tacharían de ególatra, arrogante e inmodesto. Sin embargo, el pequeño gran Nicolás ha demostrado su astucia en todos y cada uno de los campos donde ha trabajado, llámese ministerio de Economía, del Interior o la propia presidencia de UMP (Unión por la Mayoría Popular).
Su discurso ha entusiasmado y molestado a partes iguales: señal de que es un político con las ideas muy claras. Cuando, tras los disturbios en los suburbios de París dijo que limpiaría las viejas banlieus de escoria, parecía que por fin el último delfín de Chirac, el oportunista e ilustrado bonapartista Dominique de Villepin, había conseguido el propósito por el cual introdujo a Sarko en su gobierno, que no era otro que hundirlo en el pantanoso lodazal de la política francesa y erigirse en elegido por la patria, amén de ungido por Chirac, a quien adora.
Afortunadamente, Francia cuenta con un nuevo político que dice, y parece que hace, lo que piensa. Habla de patria cuando otros andan buscando adjetivos estúpidos a esa palabra: patriotismo constitucional, patriotismo ciudadano, etc.; habla de inmigración en términos de dureza para con quien utiliza la generosidad del Estado en provecho propio, en tiempos difíciles para eso. Se niega a admitir la entrada de Turquía en el club europeo diciendo con la boca llena que ni Turquía es Europa ni ésta puede admitir a un Estado de las proporciones del turco, sin contar con las futuras peticiones de adhesión de países que, geográficamente, son mucho más europeos que el viejo Imperio Otomano. Es liberal, y como tal se reconoce, sin importarle que hoy en día esa palabra sea anatema en la cultura política europea. Y así podríamos continuar bastante tiempo más.
Orden, liberalismo, patria, son conceptos que desgraciadamente van desapareciendo en España. Aznar, del que Sarko es amigo y admirador, y en quien se fijó para reconstruir el gran partido de centro-derecha francés, propuso en su día un modelo similar, y triunfó, hasta que su soberbia y la inoperancia de sus adláteres puso el gobierno de España en manos de Zapatero. Esperemos que a Sarkozy no le suceda, aunque a diferencia de Aznar, el ya ha muerto y resucitado varias veces. En cambio, Aznar ya está acabado.
Sególène Royal puede ir preparando sus mejores galas para decir a Europa que tuvo el honor, esperemos, de sucumbir ante el mejor político que ha surgido en Europa tras los padres del proyecto europeo. Suerte a Sarkozy.

martes, 30 de enero de 2007

IRLANDA

El Sinn Fein ha proclamado un sí rotundo a la aceptación de la nueva policía británica en el Ulster, así como el reconocimiento explícito de la jurisdicción de los Tribunales británicos en Irlanda del Norte. Gerry Adams y Martin MacGuinnes se han vuelto a salir con la suya. Los próximos comicios serán claves para establecer qué correlación de fuerzas existe en el Parlamento de Stormont, una vez que Londres reanude la autonomía que suspendió en 2002, cosa que ha realizado hasta en cuatro ocasiones, aunque todo indica que se mantendrá la actual proporción entre republicanos y pro-británicos. El reverendo Ian Paisley, al frente del DUP (unionista) ha pasado por el aro y ha reconocido los gestos que el movimiento republicano irlandés lleva a efecto para lograr una verdadera paz en la zona. Londres y Dublín están cooperando codo con codo para que este proceso sea culminado con éxito. En España, sin embargo, nada de esto es posible. Otegui no es Adams, ni Barrena es McGuinnes, Patxi López no tiene nada que ver con la socialdemocracia norirlandesa y, por supuesto, Zapatero no es Blair. La oposición, por desgracia, tampoco ha estado a la altura de sus colegas conservadores y se han hundido en la demagogia y el partidismo. Con todo, lo peor, es que Madrid no es como Londres.
Westminster ha demostrado como se tutela este tipo de procesos; ha cedido autonomía, pero ha logrado el reconocimiento de su soberanía e iNstituciones por el Sinn Fein, por Irlanda-Eire y por el movimiento republicano, cosa impensable hace unos años. Nunca demostró debilidad, y contra lo que pronostican los agoreros, Irlanda del Norte es hoy más británica de lo que era hace 20 años. Negociar no significa claudicar ante el adversario. Está bien hablar, pero no para que le tomen el pelo. Entre unos y otros, la casa continúa sin barrer.

lunes, 29 de enero de 2007

¿PAX AMERICANA?

La política exterior de la Administración Bush ha puesto en serio riesgo el prestigio norteamericano en el mundo. Algunos comentaristas especializados y muy proclives a los postulados neocons arguyen que asistimos al estado de naturaleza hobbessiano, en virtud del cual el mundo sería una selva y sólo los más fuertes pueden, y deben, realizar acciones de tal contundencia de forma que nadie pueda intentar cambiar el estado de cosas que “legitiman” la belicosa política del Tío Sam. Otros, en cambio, apostados tras un recalcitrante antiamericanismo, vislumbran la larga mano imperialista y opresora de la hiperpotencia hegemónica. Un término medio, como casi siempre, parece el camino más adecuado a la hora de valorar si la política exterior norteamericana tiene o no éxito global.
A nadie debería escapar que este mundo, sobre todo a raíz de los atentados del 11-S, es mucho más inseguro que el anterior. Obviamente, EE.UU. tenía que responder ante tales ataques, y eso ha hecho, invadiendo Afganistán y cambiando el régimen talibán por un gobierno títere. Ídem sucedió en Irak. Desde un punto de vista objetivo, EE.UU. ha cosechado indudables éxitos militares que deberían haber hecho retroceder la amenaza islamista radical, sin embargo esto no ha sucedido, y lo que parece meridianamente claro es que la Pax Americana no parece que tenga visos de lograrse. No sólo el estrepitoso fracaso al que estamos asistiendo en Irak (cuyo futuro nadie parece aventurarse a pronosticar) o Afganistán (paradigma de Estado fallido) son los culpables de esta percepción de la realidad mundial. Veamos algunos ejemplos: auge del terrorismo islamista internacional, nuclearización de la Península de Corea, el problema atómico iraní o la “chavización” de América Latina. Pero EE.UU. sigue siendo, de lejos, el país más poderoso del mundo, incluso a más distancia de otros países que hace 6 años, aunque también es más vulnerable a las amenazas globales que la propia Norteamérica pretende neutralizar.
No es que se pueda decir que George W. Bush o sus colaboradores sean culpables de esta calamitosa situación, pero es significativo que el nexo común de todos estos conflictos sea un antiamericanismo rampante, y mucho tiene que ver en ello la Administración republicana y sus ideólogos, comenzando por la Secretaría de Estado y el Pentágono. Aunque han hecho algunos gestos, no es de esperar que la nueva mayoría demócrata en el Congreso torne esta situación, pues en EE.UU. la política exterior no es cosa de presidentes, sino de la nación en su conjunto, como reiteradamente nos ha enseñado la historia.
La duda que cabe exponer es si sería mejor una retirada gradual del coloso americano a su original aislacionismo o si, por el contrario, hace falta más firmeza y resolución, como predican algunos brillantes académicos, para acabar con esta verdadera plaga bíblica a la que, en última instancia, solo EE.UU. puede enfrentar.

jueves, 25 de enero de 2007

PRIMARIAS DEMÓCRATAS

Los recientes pronunciamientos de la senadora Hillary Clinton, siguiendo a su par de Illinois Barack Obama, y la inclusión en esta carrera del Gobernador de Nuevo México, Bill Richardson (López, en realidad), responden a los nueva realidad norteamericana. A pesar de todo, sigue siendo EE.UU. el país más adelantado del mundo en muchos aspectos, aunque nos creamos que en la civilizada Europa les llevamos la delantera. Recientemente, el anuncio de Sególène Royal de optar a la Presidencia de Francia, y la elección de la democristiana Angela Merkel como Canciller de la RFA, nos ha hecho pensar en la revolución que para los europeos supone la irrupción de las mujeres en la más altas magistraturas del Estado. Pero, ¿Se imaginan a un ecuatoriano o a un gitano optando a la Presidencia del Gobierno en España? Nominalmente podrían hacerlo, pero sus posibilidades, siendo sinceros, por ahora son nulas. Pues eso ha sucedido en los ultraconservadores EE.UU: un negro, un hispano y una mujer anuncian su candidatura para las primarias del Partido Demócrata. Junto a ellos, es de prever la irrupción de nuevos candidatos WASP, junto a los que ya han anunciado que competirán por la carrera presidencial, más acordes con el votante medio norteamericano, así como los temidos outsiders que, sin posibilidades reales, han amargado a más de un presidenciable. El debate está servido, y de nuevo Norteamérica nos enseña el camino. Usted a quién votaría.

viernes, 12 de enero de 2007

INDEPENDENCIA FLAMENCA

Sucedió en Bélgica. Imagino que yo la sabrán: una parodia al estilo de “La guerra de los mundos” perpetrada por la televisión pública francófona belga declaró durante uno de los programas de máxima audiencia de ese país nada menos que la independencia de Flandes, región neerlandesa del norte y antagónica de la francófona Valonia. Pues bien, no tardaron muchos los independentistas flamencos en salir alborotados a las calles de Amberes, Brujas y otras ciudades de esa bella región a celebrar su ansiado éxito nacionalista. Aunque todo quedó en una patética broma de la televisión, el “experimento” podría haberles salido bastante más caro de lo que en realidad supuso. Esta es la situación: un País que se acuesta unido amanece partido por la mitad y con la Familia Real en el exilio. Y no pasa nada. ¿De verdad que nos quieren hacer creer que sólo era un programa de ficción? Estamos ya acostumbrados a las políticas de “globos sonda”, ésas en virtud de las cuales nuestros gobernantes se apoyan en los medios de comunicación para hacernos ver algo, para prepararnos para alguna idea o, para el caso, comprobar las reacciones que suscitan sus propuestas.
No sé que habría pasado si algo así se hubiera hecho en España. La verdad que como experimento sociológico está bastante bien, pero que nadie se llame a engaño si llega la sangre al río. Si se llega a demostrar que una proclamación unilateral de la independencia por cualquier región no tendría mayores consecuencias políticas, se abrirá el camino para la separación de todos aquellos que dicen no sentirse a gusto en el seno de nuestro Estado, y habremos de conformarnos, pues tampoco nosotros habremos sabido defenderlo de los delirios nacionalistas de un puñado de visionarios.

miércoles, 10 de enero de 2007

NO ES EUGENESIA

La decisión de los padres de la pequeña Ashley de cortar de raíz el crecimiento de su hija será sin duda una de las noticias más relevantes del año recién estrenado. Esperamos impacientes la reacción de la Iglesia Católica estadounidense y, lo que es aún peor, de las organizaciones evangélicas que campan a sus anchas por Norte América, a buen seguro completamente contrarias a la decisión que los progenitores de Ashley han tomado. En cambio, si entendemos la magnitud de la tragedia de esta niña en toda su dimensión no se puede por menos que apoyar y comprender por qué estos padres han tomado esta determinación tan drástica. Que cada cual se ponga en la piel de estas personas, y aun incluso de la niña, y que piense fríamente si esta no es la mejor decisión que se podía haber tomado por el bien de todos, empezando por el más importante, que es la de la propia Ashley.
Lloverán críticas (y puede que algo más), pero somos muchos los que pensamos que la vida hay que vivirla con dignidad, y no sufrirla con resignación.