viernes, 29 de diciembre de 2006

PENA DE MUERTE

La pena de muerte dictada contra Saddam Hussein no es una buena noticia para Irak. En un país sumido en la desesperación que la ocupación norteamericana y el terrorismo fanático (y no necesariamente por este orden) han impuesto, esta inoportuna sentencia reavivará los rescoldos de la confrontación nacional entre partidarios y detractores del ex–dictador. Aunque ha quedado comprobado en todos sus términos la participación del tirano en las acciones criminales que le habrán de llevar al cadalso, no lo es menos que su ajusticiamiento sólo creará un mito, un mártir, en la grandilocuente terminología muyahidin; el propio Saddam es consciente que sólo anunciando su inclusión en el martirologio podrá esquivar su inminente destino.
Y yo me pregunto ¿Acaso es esto lo que Irak necesita ahora? No lo creo. En las manos del Presidente Talabani (un kurdo, hay que recordarlo), y en la de los EE.UU., (esto no es ningún hito para la democracia en Irak) está el evitar un derramamiento innecesario de sangre. Siempre es una mala noticia la pena de muerte, pero es que en este caso no será una pena de muerte individual, sino colectiva, pues serán muchos los que paguen con su sangre la venganza de otros.

lunes, 11 de diciembre de 2006

PINOCHET

Decía un profesor que tuve en la Escuela que Pinochet, además de un sanguinario dictadorzuelo latinoamericano, fue un oportunista que amó a su patria, y por ello no dudó en cambiar su férreo estatismo inicial por las sabios consejos de los "Chicago Boys". Lamentablemente, el recuerdo que nos quedará (no creo que la Historia le absuelva, y espero que a Castro tampoco) es el del tirano que defenestró a Salvador Allende y se instaló en las más abobinables tendencias filofascistas. No creo que deba ser así. Dos cosas no perdonarán NUNCA la "intelectualidad" española a Pinochet: que derrocara a Allende (algún día conoceremos toda la verdad sobre este singular personaje que encaminaba a su país a una Guerra Civil), auténtico totem cuasi-fetichista para la izquierdad desislustrada europea, y sobre todo que acudiera a los funerales de Franco, siendo el único Jefe de Estado que lo hizo. Esta lamentable concatenación de causas ha hecho, junto, a qué negarlo, sus crímenes contra sus propios compatriotas, que estemos asistiendo On Line al sepelio del mayor monstruo que la Historia haya conocido jamás. Poco importa si estadísticamente lo comparamos con la dictadura castrista, o con los sandinistas nicaragüenses, o con las guerrillas colombianas, o con el inefable y masónico (la dictadura perfecta) PRI mexicano. De nada servirá sus éxitos económicos al albur de las tan denostadas teorías liberales norteamericanas aconsejadas por Milton Friedman y sus amiguetes de Chicago, la creación de una poderosa clase media, la reinstauración de una verdadera democracia de corte occidental, y tantas y tantas cosas. Ya para nada sirve glosar sus virtudes como gobernante (también tuvo estrepitosos fallos, no conviene olvidarlo) pues todas sus acciones habrán de caer en el descrédito más absoluto, porque el pensamiento dominante, que nos reduce a la inmensa minoría a silenciosos blogs que nadie habrá de leer o comentar, ha querido que así sea.
Sí, Pinochet ha sido un asesino, y eso es lo que quedará, lamentablemente. Sin embargo, desde aquí lanzo mi recuerdo hacia las víctimas de su crueldad, pero lanzo también mi reconocimiento al General Pinochet y muestro mi gratitud por haber dejado un país dinámico y en verdadero progreso. Mis saludos, General, ah, y descanse en paz.

miércoles, 1 de febrero de 2006

¿POPULISTAS O POPULARES?

Ahora que se han aplacado un poco los ánimos quizás sea la hora de abordar con seriedad, desapasionadamente, el triunfo de los movimientos radicales iberoamericanos. La victoria de Evo Morales en Bolivia es el triunfo inequívoco de un carisma personal, de las ganas de cambio motivado por el hastío de un país que ya no creía en nada ni en nadie. Pero ¿Es oro todo lo que reluce? No se puede ser tan iluso.
Los métodos usados por Morales no han diferido mucho de los empleados por su principal apoyo, el Presidente de Venezuela. Hugo Chávez, hay que recordarlo, intentó llegar al poder por la vía golpista. Como no lo consiguió, decidió que la democracia podía ser el camino adecuado para conseguir sus fines: unificar América Latina bajo el ideal bolivariano de la unidad de los pueblos suramericanos, eso sí, bajo una ideología cuasi-marxista, pues en la mente del caudillo venezolano no cabe la posibilidad de que la democracia liberal pueda lograr algo más que más que vaciar las arcas del Estado y llenarse las propias. Parece que algo de esto le ha enseñado Fidel. Ha sido Chávez quien ha enmarañado la campaña boliviana inundando de petrodólares al MAS (Movimiento al Socialismo) de Morales desde el Palacio de Miraflores, sede presidencial caraqueña, que a su vez ha planteado su campaña en términos tan populistas como desfasados, amenazando a las empresas extranjeras con la expropiación de las reservas naturales del país (Repsol ya sabe lo que esto significa). Es el tipo de medidas que llevan inevitablemente a una nación a la ruina, si es que acaso existe más ruina posible en Bolivia. Más intervencionismo, más regulación, más proteccionismo, más subvención. MAS. Lo que esta gente parece desconocer, aparte de Cuba, es que el ex-Coronel Chávez va camino de cumplir diez años en el poder, y que no ha hecho prácticamente nada, basta comprobarlo en cualquier índice estadístico medianamente serio, para paliar las necesidades de sus conciudadanos, más allá de despilfarrar los abultados ingresos petrolíferos en financiar arreglos cosméticos en los descomunales vertederos-vivienda que rodean Caracas o rearmar un ejército que, a priori no debe tener más enemigos que los que el propio Chávez se quiera buscar. No hay dinero para levantar Venezuela, pero sí para financiar soterradamente a Morales en Bolivia, a Humala en Perú, a la narcoguerrilla colombiana, a los piqueteros argentinos o al castrismo galopante, a veces con dinero, otras con gestos políticos…eso sí, nadie discute que Chávez tiene carisma, carácter, para algunos incluso es simpático, y no se puede negar que los pobres le adoran. Chávez es su caudillo, su protector, y él lo sabe.
Estos petrodólares bolivarianos, pasados por el tamiz del socialismo real, el antiimperialismo, la antiglobalización, el nacionalismo y el indigenismo amenazan con postergar el desarrollo, ya de por sí extremadamente dificultoso, de una zona económica que tenía, y aún tiene, todos los ingredientes para triunfar en una economía global. Esto suele suceder cuando en un país los cuadros mejor cualificados engrosan las filas laborales de las multinacionales y en el gobierno sólo sirven los paniaguados de turno, las estirpes familiares incompetentes, los oligarcas de rancio abolengo y todo tipo de adláteres, eso sí, de piel muy blanquita. No extraña pues que, invocando el inconformismo y la rebeldía, se suban sin recato alguno al carro demagógico-populista, personajes tan pintorescos como Ollanta Humala u ¿Otra vez usted? Daniel Ortega, utilizando la retórica chavista sin el menor escrúpulo porque, de nuevo, el fin justifica los medios. Se ha dicho que los Ochenta representaron la década perdida de Iberoamérica; no sabemos si se podrán permitir el lujo de perder otros veinte años más y terminenos lamentablemente por dar la razón al libertador San Martín cuando afirmaba aquello de que entre todas aquellas que hablan español, sólo Chile sabe ser República.

martes, 24 de enero de 2006

LOS VUELOS DE LA CIA

Las conclusiones de un informe preliminar elaborado por el Consejo de Europa, lideradas por el parlamentario suizo Dick Marty, no aportan datos relevantes más allá de las meras sospechas acerca de los supuestos vuelos que la Agencia Central de Inteligencia efectuaba en Europa y en los que trasladaba a presuntos combatientes islámicos hacia el limbo jurídico de Guantánamo o Afganistán y, más acá, a Rumanía y Bulgaria, sin las preceptivas garantías legales que se le reconocen a todo individuo sin distinciones de ningún tipo. Recomienda el político suizo que se investigue más a fondo la presunta existencia de centros de detención ilegales en Bulgaria y Rumanía y aclara, de pasada, que no existen evidencias irrefutables de tal existencia. Si bien el informe original es bastante más prolijo, éstos son a grandes rasgos las líneas maestras del mismo. En cambio, no es tan aséptico como pudiera parecer, antes bien se moja bastante. Para Marty, la política de rendición extraordinaria, como era conocido el traslado secreto de presuntos terroristas a otros países donde los detenidos carecían de la protección del sistema legal estadounidense, pudo afectar a no menos de cien personas. Al parecer el detenido, fuera de este paraguas jurídico, era presa fácil para ser torturado. El ejemplo más palpable lo protagonizó el egipcio Abú Omar, que ostentaba la condición de refugiado político en Italia, quien fue secuestrado por agentes norteamericanos en ese país y trasladado a su país natal, donde probablemente sufrió abusos y torturas. Éste sólo sería un ejemplo de lo que, según Marty, sería toda una red de “subcontratación” de torturas.
Pero, ¿Es sólo responsabilidad de los estadounidenses esta política que desprecia los más elementales derechos de la persona? No lo creo. La responsabilidad de los europeos es manifiesta. Mientras EE.UU. libra una guerra contra el terror a nivel global, con la que podemos o no estar de acuerdo, Europa, la que clamaba por el cumplimiento de la legalidad internacional en la invasión de Iraq, mira hacia otro lado. Como casi siempre. Esta postura es criticada no sólo por Marty; recordemos que el propio ex-Secretario de Estado Colin Powell tachaba de hipócritas a los gobiernos europeos por decir que desconocían estos vuelos. Alguna escaramuza en el seno de la Unión Europea ha pretendido restañar la imagen de los países europeos criticando las acciones norteamericanas y pidiendo respeto a la legalidad internacional y a la soberanía de las naciones de Europa, pero parece que la operación cosmética no va a ir más allá de meras declaraciones que claman por las tropelías cometidas en nuestro suelo. Al hilo de todo esto, la Justicia italiana comenzó un proceso para aclarar la desaparición de Abú Omar y solicitó la busca y captura de 22 agentes de la CIA. ¿Casualidad? Vaya usted a saber. Lo que se preguntan todos es si nadie en el viejo continente estaba al tanto de tales atropellos, siquiera los propios servicios secretos de los diferentes países europeos. Yo no lo creo.
En el mundo de hoy día a Europa le ha tocado jugar el papel de “soft power”, y ello requiere, para darle credibilidad al mismo, un contínuo ejercicio de responsabilidades internacionales en un contexto violento dando un toque de serenidad en el discurso occidental y, especialmente, respeto por los derechos y libertades fundamentales, pues sólo desde ese respeto a la dignidad del ser humano y al Estado de Derecho se puede ejercer una autoridad moral en un mundo donde el desprecio por los mismos es el pan nuestro de cada día, y parece que cada vez lo será más. Sólo desde estas premisas se puede hacer realidad el rotundo y atrevido vaticinio de Mark Leonard, esto es, por qué liderará Europa el siglo XXI. Desde luego, mirando para otro lado no. Ni mucho menos.

domingo, 1 de enero de 2006

LEYENDA DE ARTABÁN (Extraído de Wikipedia)

Hay una historia acerca de un cuarto rey mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén. Pero siempre llegaba retrasado a los lugares donde Jesús podía estar, porque los pobres y miserables vivían pidiendo su ayuda. Después de más de treinta años siguiendo a Jesús por Egipto, Galilea y Betania, el rey mago llega a Jerusalén, pero demasiado tarde, pues el niño ya se transformó en hombre, y estaba siendo crucificado en aquel día. El rey había comprado algunas joyas para Cristo, más precisó vender casi todas para ayudar a las personas que encontró en su camino. Solo le quedó una perla y el Salvador ya estaba muerto.-Fallé en la misión de mi vida- pensaba el rey mago. En ese momento se escuchó una voz: -En verdad os digo, todo lo que habéis hecho al más pequeño de mis hermanos, lo habéis hecho conmigo. Muchas gracias por tantos regalos de amor-.
Según la historia, los tres Reyes Magos no tuvieron dificultad alguna para llegar a Belén; sin embargo el cuarto, Artabán, sólo tuvo problemas. Artabán era un hombre rico y culto, estudioso de la astronomía y física. En el estudio de las estrellas había encontrado la señal: “El hijo de Dios estaba por nacer”, así que planeó encontrarse con los tres Reyes Magos para adorar al niño Jesús. Vendió todas sus pertenencias para organizar su viaje y adquirir los presentes que le llevaría a ese niño. Su actitud causaba gran admiración, ya que su único interés en la vida era conocer y llevarle tres regalos valiosos a Jesús. Un zafiro, un rubí y una perla son las joyas que adquirió. No era fácil emprender un viaje tan largo por lugares extraños y peligrosos, así que para Artabán no era sencillo encontrar quién lo acompañara. Su padre apoyó sus planes, le puso a su disposición a un esclavo llamado Beor, al cual le dijo: “Si regresas a mi hijo con vida, te doy tu libertad”. Así vio partir a Artabán, dándole su bendición. Artabán había acordado reunirse con los otros Reyes Magos. Sin embargo, no lo logró, ya que durante el trayecto tuvo muchos contratiempos. En primer lugar encontró a un exiliado hebreo enfermo, solo y muriéndose en el desierto. Lleno de compasión, Artabán se detiene y atiende al enfermo. Esta demora ocasiona que falte a su cita con los otros Reyes Magos y, en consecuencia, no está presente en el pesebre aquella primera Navidad llena de magia. Sin embargo, él sigue viajando. Poco después entrega uno de los regalos que eran para el Niño recién nacido para salvar la vida de otra criatura que, de acuerdo con el decreto de Herodes, fue condenada a morir. Al continuar su recorrido, se encontraron con una caravana que trataba de cruzar el desierto. Artabán, con su gran corazón, no podía rechazar la necesidad de ayudar al prójimo, les regaló el zafiro para conseguir alimento, medicinas, ropa. Dedicó años de su vida a curar a los enfermos y reconfortar a los abandonados. Beor renegaba, ya que algunos de estos enfermos tenían lepra. Y entre enojos no lograba entender por qué su amo se desprendía de una de las valiosas joyas, tan sólo por ayudar a unos desconocidos.
Al final de la historia Artabán está desesperado y cansadísimo. Comprende que ha dedicado treinta y tres años a la búsqueda y que al final se encuentra solo en el Gólgota. Aquí descubre que el Hijo de Dios, a quien se dedicó a buscar muchos años antes, ha sido condenado a morir en la cruz. De inmediato piensa en su última posesión, una perla. Está seguro de que ésta comprará la libertad de Cristo. Pero aún en el camino hacia el lugar encuentra a una mujer que está siendo amenazada con golpearla y aún, matarla si no paga las deudas de su padre. Una vez más Artabán ofrece la perla, su última posesión, a cambio de la vida de la mujer. Ya sin dinero y sin regalos Artabán y Beor deambulaban de pueblo en pueblo y llegaron a Jerusalén en las fiestas de Pascua. Oyeron hablar del maestro Nazareno y de una celebración que tendría con sus seguidores. A toda prisa y con el corazón latiendo, se encaminan a la casa donde se celebraba la cena pascual. Pero llegaron demasiado tarde, pues Jesús y sus discípulos ya habían abandonado el lugar. Alguien les sugiere que lo buscarán en el Monte de los Olivos. Al llegar ahí, se encontraron con un hombre llamado Pedro. Beor le pregunta: “¿Eras tú el que acompañaba al Maestro?”, y él contestó: “Yo, ni siquiera lo conozco”. En eso, se escuchó el canto de un gallo. Y Pedro rompió en lagrimas. Ahora realmente no le queda nada. Todo lo que tuvo la intención de entregar en adoración lo ha dado al servicio de la humanidad. Para aumentar sus tribulaciones, Artabán recibe el golpe de una piedra que cae de una estructura que se estaba derrumbando debido al terremoto que acompañó a la crucifixión. Está seguro de que morirá sin ver jamás a su Señor.
Pero mientras yace sangrando y moribundo, escucha una débil voz desde muy lejos. -En verdad os digo, todo lo que habéis hecho al más pequeño de mis hermanos, lo habéis hecho conmigo-. Al oír esto Artabán, el cuarto Rey Mago, muere feliz sabiendo que sus regalos sí fueron recibidos por su Señor.