martes, 24 de enero de 2006

LOS VUELOS DE LA CIA

Las conclusiones de un informe preliminar elaborado por el Consejo de Europa, lideradas por el parlamentario suizo Dick Marty, no aportan datos relevantes más allá de las meras sospechas acerca de los supuestos vuelos que la Agencia Central de Inteligencia efectuaba en Europa y en los que trasladaba a presuntos combatientes islámicos hacia el limbo jurídico de Guantánamo o Afganistán y, más acá, a Rumanía y Bulgaria, sin las preceptivas garantías legales que se le reconocen a todo individuo sin distinciones de ningún tipo. Recomienda el político suizo que se investigue más a fondo la presunta existencia de centros de detención ilegales en Bulgaria y Rumanía y aclara, de pasada, que no existen evidencias irrefutables de tal existencia. Si bien el informe original es bastante más prolijo, éstos son a grandes rasgos las líneas maestras del mismo. En cambio, no es tan aséptico como pudiera parecer, antes bien se moja bastante. Para Marty, la política de rendición extraordinaria, como era conocido el traslado secreto de presuntos terroristas a otros países donde los detenidos carecían de la protección del sistema legal estadounidense, pudo afectar a no menos de cien personas. Al parecer el detenido, fuera de este paraguas jurídico, era presa fácil para ser torturado. El ejemplo más palpable lo protagonizó el egipcio Abú Omar, que ostentaba la condición de refugiado político en Italia, quien fue secuestrado por agentes norteamericanos en ese país y trasladado a su país natal, donde probablemente sufrió abusos y torturas. Éste sólo sería un ejemplo de lo que, según Marty, sería toda una red de “subcontratación” de torturas.
Pero, ¿Es sólo responsabilidad de los estadounidenses esta política que desprecia los más elementales derechos de la persona? No lo creo. La responsabilidad de los europeos es manifiesta. Mientras EE.UU. libra una guerra contra el terror a nivel global, con la que podemos o no estar de acuerdo, Europa, la que clamaba por el cumplimiento de la legalidad internacional en la invasión de Iraq, mira hacia otro lado. Como casi siempre. Esta postura es criticada no sólo por Marty; recordemos que el propio ex-Secretario de Estado Colin Powell tachaba de hipócritas a los gobiernos europeos por decir que desconocían estos vuelos. Alguna escaramuza en el seno de la Unión Europea ha pretendido restañar la imagen de los países europeos criticando las acciones norteamericanas y pidiendo respeto a la legalidad internacional y a la soberanía de las naciones de Europa, pero parece que la operación cosmética no va a ir más allá de meras declaraciones que claman por las tropelías cometidas en nuestro suelo. Al hilo de todo esto, la Justicia italiana comenzó un proceso para aclarar la desaparición de Abú Omar y solicitó la busca y captura de 22 agentes de la CIA. ¿Casualidad? Vaya usted a saber. Lo que se preguntan todos es si nadie en el viejo continente estaba al tanto de tales atropellos, siquiera los propios servicios secretos de los diferentes países europeos. Yo no lo creo.
En el mundo de hoy día a Europa le ha tocado jugar el papel de “soft power”, y ello requiere, para darle credibilidad al mismo, un contínuo ejercicio de responsabilidades internacionales en un contexto violento dando un toque de serenidad en el discurso occidental y, especialmente, respeto por los derechos y libertades fundamentales, pues sólo desde ese respeto a la dignidad del ser humano y al Estado de Derecho se puede ejercer una autoridad moral en un mundo donde el desprecio por los mismos es el pan nuestro de cada día, y parece que cada vez lo será más. Sólo desde estas premisas se puede hacer realidad el rotundo y atrevido vaticinio de Mark Leonard, esto es, por qué liderará Europa el siglo XXI. Desde luego, mirando para otro lado no. Ni mucho menos.