La Conferencia de Donantes de París abre nuevas expectativas para el desolador panorama de Oriente Próximo. La inesperada recaudación encaminada a descongestionar las depauperadas cajas palestinas, así como las medidas dirigidas a normalizar las relaciones del Gobierno de Abbas con la comunidad internacional, especialmente con la Unión Europea, es un fuerte espaldarazo a la legitimidad de éste y una bofetada a Hamás, ninguneada ante un mundo que afortunadamente mira hacia adelante e ignora las demostraciones de fuerza de la marea verde islamista en la Franja de Gaza. De nuevo el impulso diplomático de Sarkozy, recomendando una fuerza internacional para la zona, y la inestimable ayuda de los EE.UU., más el conjunto de la U.E., abren nuevas vías de solución a este interminable problema. El final de la Administración Bush, la necesaria legitimación internacional de Abbas y el nuevo impulso europeo empujan en la dirección deseada. Si Israel sigue moderando sus acciones, y respeta los compromisos adquiridos, siempre que su seguridad no se vea deteriorada, quizás el nuevo año nos depare gratas noticias en una zona que nos tiene acostumbrado, casi siempre, a lo peor.
Las palabras de Solana cuando asegura que no hay que sumar el número total de promesas, sino la cantidad de éstas que se cumplen, aconsejan el camino de la prudencia y la moderación, pero invitan a la esperanza.