El acuerdo de gobernación rubricado entre Ian Paisley y Martin MacGuinness es un paso definitivo para la paz en aquella región y un espejo en el que deberíamos mirarnos todos los españoles. No se trata de decir sí o no a un hipotético proceso de negociación entre posturas diametralmente diferentes, sino de que se den las circunstancias necesarias para que esto pueda producirse. Los Acuerdos de Paz del Viernes Santo en nada se parecen a
las falsas treguas que ETA ofrece, y los partidos políticos vascos y, por extensión, los españoles, no parecen estar a la altura necesaria para admitir que, sin diálogo, el fin
del terrorismo no es posible. Si católicos republicanos y unionistas protestantes han podido sentarse y alcanzar un acuerdo que vincule incluso a las organizaciones terroristas que defienden sus enconadas posiciones, ¿qué sucede en España para que esto sea absolutamente impracticable?. Hoy Irlanda del Norte es un poco más libre que ayer, y seguramente menos que mañana, en cambio, Euskadi camina inexorablemente hacia la senda que marcan las pistolas terroristas. Ya es hora de dejarse de discursos demagógicos y electoralistas, flexibilizar las posturas, sentarse con el adversario, dialogar sobre los puntos que puedan acercar posturas antes que abordar las posiciones maximalistas más inamovibles, y de llegar a acuerdos que hagan que no tengamos que envidiar, otra vez, a Irlanda del Norte.
las falsas treguas que ETA ofrece, y los partidos políticos vascos y, por extensión, los españoles, no parecen estar a la altura necesaria para admitir que, sin diálogo, el fin
del terrorismo no es posible. Si católicos republicanos y unionistas protestantes han podido sentarse y alcanzar un acuerdo que vincule incluso a las organizaciones terroristas que defienden sus enconadas posiciones, ¿qué sucede en España para que esto sea absolutamente impracticable?. Hoy Irlanda del Norte es un poco más libre que ayer, y seguramente menos que mañana, en cambio, Euskadi camina inexorablemente hacia la senda que marcan las pistolas terroristas. Ya es hora de dejarse de discursos demagógicos y electoralistas, flexibilizar las posturas, sentarse con el adversario, dialogar sobre los puntos que puedan acercar posturas antes que abordar las posiciones maximalistas más inamovibles, y de llegar a acuerdos que hagan que no tengamos que envidiar, otra vez, a Irlanda del Norte.