martes, 24 de abril de 2007

BORIS YELTSIN

Ahora que acaba de morir el ex-presidente de Rusia, es probable que lluevan toda case de vítores hacia una persona que pareció encarnar la luz del sentimiento popular que la dictadura del PCUS había apagado. Todos le recordaremos como un valiente, encaramado encima de un tanque y haciendo frente a un frustrado Golpe de Estado de opereta ejecutado por nostálgicos del antiguo régimen. Otros podrán reconocerle que fue Yeltsin quien introdujo a Rusia en el capitalismo mundial, salvando con ello a un país que enfilaba con paso firme el camino de la ruina absoluta. Habrá quien, en fin, lo rememore como un estadista que evitó una guerra civil entre Rusia y otras naciones, o entre los mismos rusos, con su tacto político.
Sin embargo, a pesar de lo que digan las notas de prensa y los obituarios, no sabemos si nombrarán a Yeltsin para recordarle su oportunismo político, pues pocos recuerdan que antes que Presidente fue aparatchik comunista, Presidente de la región de Rusia en los estertores del régimen, y que como tal colaboraba. Que malvendió las más ricas y prósperas empresas estatales a cuatro rufianes a cambio de favores políticos para él y para su familia, creando con ello una clase oligarca que aún hoy día deslumbra al mundo por su mal gusto, su despilfarro y por ser la cima del hampa de aquella nación. Quizás pocos recuerden la devaluación del rublo y la consiguiente miseria que provocó en millones de ciudadanos, provocada por una política económica escandalosamente dirigida por quienes se hacían llamar liberales, pero que poco o nada tenían que ver con ellos, más allá de su gusto por el estilo de vida occidental.
La endogamia, el proselitismo y el nepotismo que caracterizó a su administración tamb
ién merecen ser recordados, así como el intento de mantener a toda costa la grandeza del ejército soviético sin atender a consideraciones técnicas, lo que provocó un auténtico desbarajuste en la seguridad mundial, cuando se certificó la relativa facilidad que algunas personas tenían para acceder a los silos nucleares ex-soviéticos. Pero lo más lamentable es que debe ser recordado por iniciar la Guerra de Chechenia, con claros tintes nacionalistas ribeteados de un populismo miserable, que ha provocado, y sigue provocando, la muerte de miles de personas en aquel territorio. Ha sido Yetsin quien, por estas y muchas más cosas, ha hecho parecer bueno a su (nombrado) sucesor, Vladimir Putin, y, con ello, quien desterró la posibilidad de que Rusia y los rusos puedan disfrutar de una verdadera democracia y se sientan cómodos al filo de la tiranía. Descanse en Paz.