Golda Meir repondía, en la célebre “Entrevista con la Historia” de Oriana Fallaci, que “nunca, nunca, se sentarán con nadie para hablar sobre Jerusalén”. El pasado Domingo, el Primer Ministro Israelí, Ehud Olmert, hablaba de devolver algunos barrios de Jerusalén Este, conquistados durante la guerra de 1967. Esto parece poco para los palestinos, que reclaman la total partición de la ciudad tres veces santa, el retorno de los refugiados y el desmantelamiento de las colonias judías en Cisjordania. No es nuevo este maximalismo palestino: es lo normal si se quiere negociar con ciertas garantías de éxito, pedir demasiado y parecer qu
e se cede algo ante el adversario.Sin embargo, mi impresión es que, contra lo que pudiera parecer, siempre es Israel quien más hace para lograr la paz, ateniéndose por supuesto a sus especiales circunstancias. En este avispero de radicales y extremistas, cualquier declaración de intenciones encaminada hacia la paz debe ser saludada y apoyada.
La reacción de los extremistas de ambos bandos no debería hundir sus esperanzas de paz. Olmert y Abbas parecen sinceros en sus intenciones y quizás no se dejen aplastar por la pesada losa de la Historia, que, como casi todo, es tan relativa como sus propios protagonistas.
La reacción de los extremistas de ambos bandos no debería hundir sus esperanzas de paz. Olmert y Abbas parecen sinceros en sus intenciones y quizás no se dejen aplastar por la pesada losa de la Historia, que, como casi todo, es tan relativa como sus propios protagonistas.