miércoles, 31 de octubre de 2007

ENERGÍA NUCLEAR

Marruecos va a nuclearizarse, Argelia también; en un futuro próximo, parece que Túnez seguirá sus pasos. Energía nuclear para uso civil, claro. Por supuesto, el proveedor elegido, como no podía ser de otra forma, será la antigua metrópoli, Francia, que se frota las manos antes los pingües beneficios que se avecinan para su potente industria nuclear.
Los países escandinavos, otrora defensores a ultranza del ecologismo antinuclear, han descubierto que no hay mejor forma de proteger a la naturaleza que desarrollar la energía atómica. Loyola de Palacio, en sus últimos días como comisaria de la UE, puso sobre la mesa la necesidad de retomar la energía nuclear si queríamos mantener nuestro potencial energético y seguir siendo competitivos. Sin embargo, en España, continuamos maniatados por una moratoria desfasada que nos prohíbe crear nuevas instalaciones nucleares, aunque se haya demostrado por activa y por pasiva su limpieza y probada eficacia; se impide con ello hacer mayor uso de la energía más limpia e inagotable que conocemos.
Eso sí, alentamos la construcción de centrales nucleares en el Magreb y estudiamos cómo podremos comprar esa energía, tal y como ya lo venimos haciendo desde hace años con la energía nuclear francesa. Que la produzcan otros, aunque nosotros la usemos también.
Ahora que el petróleo está por las nubes, que las fuentes de energía perecederas contaminan más que nunca (pues las usamos más que nunca), que los combustibles fósiles cada vez son más impopulares, que el calentamiento global es la nueva religión, y que nos encontramos maniatados por los precios abusivos que nos imponen los cárteles energéticos del petróleo (y los que vienen en camino, como la “OPEP” del gas) o las decisiones políticas de los países árabes, Venezuela o Rusia, que abren y cierran los grifos al albur de sus necesidades más o menos políticas, es la hora de apostar por la autosuficiencia energética y por el ecologismo razonable. Es la hora de una energía nuclear segura, limpia y barata.

lunes, 15 de octubre de 2007

LA VICTORIA DE CARUANA

Peter Caruana ha revalidado por tercera vez consecutiva su mandato al frente del Gobierno de Gibraltar. Aunque ha pasado un poco desapercibida, es una buena noticia. Y es tal, no por que Caruana sea más proclive a los legítimos deseos de España de proclamar su soberanía sobre la Roca, cosa que no hará jamás, sino más bien porque Caruana, al contrario que Joe Bossano, no utiliza el discurso incendiario contra España para ganar adeptos a su causa independentista.
Aunque con reservas, Caruana es un conciliador que ha sabido defender los intereses de su pueblo contra las presiones anglo-españolas, pues en más de una ocasión han sido los propios ingleses quienes han demostrado más ganas por resolver este conflicto que lleva ya tres siglos enquistando las relaciones de España y el Reino Unido a todos los niveles. Los Acuerdos de Córdoba son una buena muestra de ello, por más que algunos proclamen la traición de este Gobierno a la tradicional posición española respecto al Peñón, y las cesiones que presuntamente ha otorgado a los “llanitos”.
Lo que menos hace falta para avanzar en este espinoso asunto es que se deje el tema en manos de los radicales de las tres partes, y Bossano era uno de ellos. Sin embargo, lo ajustado de la victoria de Caruana, hará que éste tenga muy en cuenta el discurso político de su histórico rival.
Desde aquí mi felicitación y esperanza para se que siga avanzando en las relaciones con España, por lo menos hasta llegar al límite que ningún Gobierno español debería pasar, que es la renuncia a la legítima soberanía sobre el Peñón de Gibraltar.

martes, 9 de octubre de 2007

RESPONSABILIDAD HISTÓRICA

Golda Meir repondía, en la célebre “Entrevista con la Historia” de Oriana Fallaci, que “nunca, nunca, se sentarán con nadie para hablar sobre Jerusalén”. El pasado Domingo, el Primer Ministro Israelí, Ehud Olmert, hablaba de devolver algunos barrios de Jerusalén Este, conquistados durante la guerra de 1967. Esto parece poco para los palestinos, que reclaman la total partición de la ciudad tres veces santa, el retorno de los refugiados y el desmantelamiento de las colonias judías en Cisjordania. No es nuevo este maximalismo palestino: es lo normal si se quiere negociar con ciertas garantías de éxito, pedir demasiado y parecer que se cede algo ante el adversario.
Sin embargo, mi impresión es que, contra lo que pudiera parecer, siempre es Israel quien más hace para lograr la paz, ateniéndose por supuesto a sus especiales circunstancias. En este avispero de radicales y extremistas, cualquier declaración de intenciones encaminada hacia la paz debe ser saludada y apoyada.
La reacción de los extremistas de ambos bandos no debería hundir sus esperanzas de paz. Olmert y Abbas parecen sinceros en sus intenciones y quizás no se dejen aplastar por la pesada losa de la Historia, que, como casi todo, es tan relativa como sus propios protagonistas.