sábado, 10 de noviembre de 2007

LA SOLEDAD DEL REY

Sorpresa generalizada y adhesión unánime a las palabras que callaron a Hugo Chávez. Sin embargo, parece que no tenía que ser nuestro Monarca quién resolviera en solitario los desaguisados que nuestro Gobierno no sabe o no quiere afrontar. Don Juan Carlos ha estado, básicamente, espectacular. Levantarse de la mesa cuando el ex-dictador Daniel Ortega daba “lecciones” a España engrandece a nuestro país y honra su Institución; y callar previamente a un Chávez crecido no es poca cosa. Lástima que nuestros gobernantes no estén a la altura, y la oposición tampoco. Meter a la Corona en el triste juego partidista ha supuesto un desgaste innecesario del que quizás nos arrepintamos algún día, ahora que las aguas andan revueltas en España.
El Partido Popular ofrece como punto básico de su gobierno, si vence en las próximas elecciones, un consenso generalizado en política exterior, sin embargo no predica con el ejemplo ni desaprovecha la más mínima oportunidad para clavar sus garras en el Gobierno cuando éste, aunque tarde, ha salido a defender a Aznar.
A la hora de unirnos, el PP vuelve a demostrar que todo vale para llegar a La Moncloa, incluido desprestigiar la política exterior española o acosar indirectamente a la Corona en la persona de Juan Carlos I queriendo que adopte una posición más activa cuando, precisamente, la Corona simboliza, entre otras muchas cosas, la neutralidad de la Jefatura del Estado ante cualesquiera opciones políticas, y un papel moderador que, aún siendo reconocido por ejemplo por Argentina en su conflicto con Uruguay, aquí se le pretende negar. Y no querer confundir moderación y neutralidad con pasividad e indolencia.
En el fondo, a quien debería callar el Rey es a nuestros políticos.