miércoles, 26 de septiembre de 2007

OBJETIVO BIRMANIA

La dictadura birmana no se ha dejado influir, según parece, por las multitudinarias y pacíficas protestas de los monjes budistas que, acompañados por estudiantes, pretenden el fin de un gobierno que dura ya más de 40 años. Así pues, la Junta Militar ha optado por poner fin a una situación, que podría ser pre-revolucionaria, de la única manera que puede o sabe hacerlo, con la misma represión que en 1995 causó más de 3000 muertos.
El general Than Shwe no va a tolerar que cuatro (o cuatrocientos mil) descamisados le arrebaten el poder que con tanto esmero conserva. Sólo China parece que puede influir algo en las decisiones de la Junta Militar pero, a lo que parece, ni el recuerdo de Tiananmen produce la invitación a realizar alguna reforma democrática en este país. No es de extrañar: el suculento pastel que representa China para Occidente nos convierte en unos cobardes, pues hacemos oídos sordos a la conducta de un país que mantiene, además de la Junta birmana, el régimen nuclear norcoreano, la ocupación del Tíbet, el enfrentamiento con Taiwán o el apoyo a países como Cuba, Venezuela o Vietnam. Todo vale para contentar al león que despierta o, al menos, no incomodarle demasiado.
Sólo el arresto domiciliario de la activista Aung San Suu Kyi, desde 2003, parece alguna concesión al exterior, pues lo normal es que ya hubiera sido ejecutada. ¿Dónde estám los defensores de los Derechos Humanos?¿Dónde la vanguardia progresista que se desvive por las violaciones de éstos en EE.UU u otros países? Cuanta hipocresía.
La insoportable presión de los servicios secretos en el interior, la nefasta política de aislamiento internacional y la penosa ruina económica que atraviesa un país rico en recursos naturales y culturales producirán nuevos levantamientos que, a buen seguro, serán apagados con más fuego y represión. Sin embargo, la esperanza parece abrirse camino en la jungla birmana.
La democratización bien merece ese esfuerzo y, por supuesto, que la sociedad internacional se entere que el mundo no acaba en Oriente Próximo.

jueves, 6 de septiembre de 2007

LA POLÍTICA COMO ESPECTÁCULO

El anuncio del ex-senador y actor Fred Thomson, proclamando su intención de presentarse a las primarias del Partido Republicano para competir en las elecciones presidenciales de 2008, es una muestra visible más de cómo la política puede devenir en un espectáculo, a veces, grotesco, y de cuánto importa la imagen pública en los tiempos que corren. Se achaca a Kennedy el ser la primera persona que “conquistó” al público con sus indudables dotes telegénicas, sin embargo, lo que era un hito en la historia de la política, va camino de convertirse en un paso necesario para incorporarse a este “servicio público”. En este campo, si bien los norteamericanos han sido pioneros, no sólo ellos han producido “telelíderes”. Sin ir más lejos, recordemos a Berlusconi y sus años de gobierno. Reagan, ahora elevado a los altares del neo-liberalismo, es otro producto evidente de la fuerza de la imagen, como ahora lo es el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. Es indudable que la fuerza de la imagen debe ser y es muy tenida en cuenta, pero la cuestión es si la persona que resulta elegida lo es por un programa concreto de gobierno o porque da bien en cámara. Hoy en día, cualquier puesto de presencia pública se cotiza a precios astronómicos, ya sea desde la presidencia de un equipo de fútbol o la pertenencia a una academia de renombre. Y esto, pienso yo, que no lo es por simple dedicación desinteresada, si no porque es la mejor propaganda que nadie puede tener. Si la política es poder, la imagen es su arma más poderosa.