lunes, 6 de agosto de 2007

LOS FONDOS-BUITRE O EL MUNDO AL REVÉS

Reconozco que no sabía cómo operaban realmente estas entidades privadas de “recobro” de deudas internacionales. El artículo de David Bosco (Foreign Policy, ed. española, nº 22), nos crea una doble opinión: por un lado, nos identificamos con aquellos países que, como Zambia, no pueden hacer frente al pago de antiguas deudas y que, de hacerlo, hipotecarían seriamente sus posibilidades de desarrollo; por otro lado, países como Argentina, que sí han podido pagarlas, han iniciado costosísimas acciones judiciales encaminadas a evitar el pago de sus deudas no sólo contra estas entidades de recobro, sino también contra honrados ciudadanos que confiaron sus ahorros a este país. Sin embargo, no se menciona que, más allá de las operaciones habituales de compra/venta de bonos y títulos estatales de deuda pública entre sujetos con capacidad para ejecutar este tipo de operaciones, la responsabilidad última, amén de los Estados que no cumplen con sus obligaciones, es de los propios Estados que han vendido esos títulos crediticios. Me explico: funcionarios del Ministerio de Economía británico claman contra estos fondos, sin embargo, ¿A quién han comprado estos “buitres” su deuda? No lo sabemos. El artículo alude a una venta de bonos de Rumanía a un fondo, que luego ha reclamado la correspondiente deuda. Si tachamos de inmoral el intento de una entidad privada por hacer negocio, ¿Qué deberíamos decir de los Estados que venden deuda adquirida a otros Estados a fondos privados, aún a sabiendas de las dificultades de cobro? Creo, sinceramente, que la actividad de estos fondos es positiva. Es un paso más en la lenta pero constante lucha contra el sacrosanto principio de la Soberanía Nacional y la responsabilidad de los Estados. Habrá casos sangrantes, sin duda, pero si se consigue evitar que un sujeto como Denis Sassou Nguesso despilfarre los pocos fondos de su paupérrimo país en lujosísimas estancias en Manhattan, algo habremos ganado. Lo normal sería que el Presidente de Ecuador pidiera asesoramiento para poder pagar la deuda de su país al menor coste posible llegando a acuerdos con los acreedores, incrementando la confianza de inversores internacionales, y no que solicitara asesoramiento al Presidente de Argentina para no pagar la deuda. Imaginemos por un momento un mundo donde la gente pudiera libremente zafarse de las obligaciones contraídas, y los contratos firmados sólo fueran papel mojado. El papel de estas empresas es, desde luego, bastante antipático, pero parece que cada vez serán más necesarias para concienciar a las sociedades occidentales que el verdadero peligro no está en quienes reclaman lo que le deben, sino en quien malgasta y dilapida el dinero prestado sabiéndose inmune. La condonación a cambio de nada no sirve si no va acompañada de los mecanismos correctores para mejorar la eficiencia productiva y administrativa de los países que, libremente, contraen obligaciones crediticias con otros Estados o instituciones financieras. Mientras tanto, ya se sabe, en río revuelto, ganancias de pescadores.